¿Por qué no prevenir los dolores dentales en vez de curarlos?

¿Por qué no prevenir los dolores dentales en vez de curarlos?

Existe una tendencia entre los españoles que no sólo no es curiosa sino que, además, es absolutamente incomprensible: la de tomar medidas saludables para nuestro cuerpo sólo después de haber sufrido algún percance o daño que nos haya causado dolor. Parece ser que sólo cuando se hace evidente que tenemos un problema somos capaces de ponerle soluciones. ¿Por qué no intentar prevenir sus consecuencias? No sabemos si se tratará de una cuestión de prioridades o simplemente de orgullo. Pero el caso es que son muchas las personas que se ven abocadas a intentar ponerle solución a sus problemas y no algo que los prevenga.

Parece mentira que todos aquellos que veamos en la prevención la mejor alternativa seamos “los raros”, los que ven el mundo al revés, los que no siguen los actos de la gente corriente. Pero lo cierto es que así es y más todavía en lo que está referido a la salud bucodental. En efecto, muchos españoles tienen problemas con sus dientes y sólo son capaces de acudir a su dentista cuando la caries le ha hecho la vida insoportable, cuando necesita un implante o cuando empieza a notar que tiene agujeros de enorme consideración en alguna de sus piezas dentales.

Un artículo de El Heraldo confirma que los españoles somos, además, uno de los países (el que más del sur de Europa) con más incidencia de problemas bucodentales entre nuestros ciudadanos. Y es que la placa bacteriana, la caries, la sensibilidad dental o el sagrado de encías es algo común entre nuestra gente. Y no tendría por qué serlo. Estos datos hay que ser capaces de mejorarlos porque hablan muy mal de nosotros. Si otros países tienen una incidencia mucho más pequeña a ese tipo de problemas, nosotros también podemos conseguirlo. Pero no lo vamos a hacer yendo al dentista sólo cuando el daño ya lo tenemos dentro.

Esos datos están relacionados de un modo directo con el hecho de que en España sólo acudamos al dentista cuando el dolor ya es insoportable. Tenemos un pánico innato a ver a un profesional de estas características. Muchos dicen que es como consecuencia de el alto precio de cualquiera de los tratamientos que ofertan. Pero seamos sinceros, a muchos les da miedo acudir a la consulta y ver todos esos utensilios al lado de la camilla. La economía no es siempre la excusa para justificarse.

Ir al dentista no tiene por qué ser caro

También se atreverán a llamarnos raros a todos aquellos que creamos que, si somos capaces de informarnos al respecto, encontremos la manera de que acudir al dentista no sea sinónimo de recibir un palo en lo que respecta a nuestra economía. Pero la verdad es que alternativas a las clínicas tradicionales existen, y sus tratamientos son idénticos a las de ellas sin que eso tenga implícito un gasto desmesurado a nuestra economía.

¿Economía o dolor?

Si se trata de poner en una balanza la posibilidad de ir al dentista curando así nuestro dolor y el factor económico, muchos ya no solamente dudan, sino que apuestan por lo segundo en detrimento de lo primero. Y eso es un error. Un error grave porque, como recomiendan expertos como los de Caredent Albacete, acudir al dentista va a ser una necesidad antes o después y, cuanto más tarde vayamos, más grande será el problema que tenga nuestra boca y más costará repararlo.

Entonces nos daremos cuenta del error y empezaremos a creer que aquellos que recomendaban acudir al dentista antes de que apareciera cualquier problema bucal, aquellos que veían el mundo al revés, quizá no estaban tan equivocados. Quizá hubiéramos ahorrado dolor y dinero si les hubiésemos hecho caso. Pero la realidad es la que es. Y no podemos cambiarla si no vamos todos de la mano.

No es fácil de asumir un dolor dental. De hecho, son de los más molestos que un ser humano puede experimentar, ya que puede implicar incluso un dolor de cabeza brutal, de esos que nos impiden prácticamente llevar a cabo cualquier tipo de acción. Por eso evitar que aparezcan es una inversión inteligente y adecuada. Una inversión que no tiene necesariamente que ser cara. Antes de juzgar, es necesario derribar los muros del miedo, el miedo físico y el económico.

 

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