Sobreprotección y salud infantil, ¿nos estamos equivocando?

Sobreprotección y salud infantil, ¿nos estamos equivocando?

Es curioso ver cómo a veces los adultos nos empeñamos en dar importancia a cosas que no la tienen y quitársela a lo que verdaderamente merece la pena tener en cuenta. En ocasiones, incluso hacemos caso omiso a lo que recomiendan los profesionales porque, según nuestro propio bagaje cultural, que puede ser erróneo o no, es mucho mejor lo que nosotros pensamos. Esto se puede aplicar a cualquier cosa pero hoy, de lo que realmente quiero hablar, es de la sobreprotección infantil y de la salud de los más pequeños.

Lógicamente todos los padres y madres, o al menos la mayoría de ellos, hacen las cosas pensando en el bienestar de sus hijos y, la mayoría de las veces toman la decisión acertada ¿sabéis por qué? Simplemente porque son ellos, y ellas, los únicos que pueden tomar ciertas decisiones y, por ende, lo que opine el resto de la sociedad es incorrecto, salvo que hablemos de temas mayores en los que la ley de protección al menor tenga que hacer acto de presencia. Pero no es de eso de lo que estamos hablando, yo me refiero a temas de educación, alimentación, vestuario, etc.

Sobreprotección

Los niños han de caer al suelo, hacerse heridas, levantarse y seguir jugando. Así de sencillo y así de complicado a la vez, porque a los progenitores les cuesta muchísimo no saltar de su asiento cada vez que ven que el niño se va a caer. Hay que dejar que se caigan y se raspen las rodillas, como hemos hecho todos, hay que dejar de sobreprotegerlos de la manera tan exagerada en que lo hacemos ahora. Yo he llegado a ver a una niña en un parque que tenía prohibido correr por si se caía, sólo podía andar y subir despacio a algunos (que no todos) los columpios. Increíble.

Juegos y manchas

Mientras que profesionales del sector de la pediatría y educadores infantiles aconsejan vestir a los niños y niñas pequeños con ropa cómoda que les permita libertad de movimientos, algunos padres llevan a sus hijos e hijas de punta en blanco a todas partes y luego pretenden que no se manchen. Los pequeños, sobre todo entre los 2 y los 6 años, necesitan experimentar con todo lo que tienen al alcance y eso incluye el barro, la arena, el agua, la pintura de dedos e incluso la masa de pan. Es normal que se manchen en el parque y que coman tierra del suelo cuando menos te lo esperas, o arena de playa, y aunque muchas madres y padres se llevan las manos a la cabeza y saltan alarmados corriendo a limpiar las manos y boca de sus hijos, los profesionales afirman que, además de ser algo normal, es algo beneficioso para ellos, pues deben crear inmunidad ante bacterias y virus, y la única manera de hacerlo es exponiendo su sistema inmune a actividades como esta.

No hay que ser extremista y pensar que estamos animando a los padres a dejar que su hijo se coma un kilo de arena, o a que coma barro sucio del suelo ni mucho menos. Simplemente hay que saber que es normal, y que no hay que alarmarse si algo así ocurre.

El calzado infantil

Y del mismo modo en que llevamos a nuestros hijos de punta en blanco para que parezcan príncipes y princesitas de cuento, nos empeñamos en comprarles calzado no homologado para sus pequeños y sensibles pies. ¿Hay alguien que pueda entender lo que hacemos? Nos gastamos un dineral en comprarles ropa que no necesitan y luego nos queremos ahorrar unos euros comprándoles zapatos o zapatillas de baja calidad que pueden llegar a deformarles el pie o provocarles una mala higiene postural.

Los zapatos no sólo son una suela sobre la que caminar, son mucho más, pues protegen el pie del frío y de los posibles traumatismos derivados de caminar, correr o golpear algo con él. Sin embargo, además de todo eso, el calzado infantil debe ser ergonómico y flexible para que los niños tengan la libertad de movimiento que necesitan y, al mismo tiempo, ha de tener buena sujeción para evitar que el niño apoye mal la planta y tenga un accidente.

Algunas recomendaciones para comprar calzado infantil:

  • Zapatos ligeros y bajos, mejor que las botas.
  • Que la punta tenga anchura suficiente para dejar libertad de movimiento a los dedos.
  • Que no les queden justos.
  • Que la suela no sea ni muy rígida ni muy blanda, que no resbale y tenga, al menos, un dedo de grosor.
  • Que los contrafuertes estén reforzados para una correcta sujeción del tobillo.
  • Que el material de confección sea transpirable.
  • Que los zapatos sean fáciles de quitar y poner.

En Andandito y en Piesitos encontraréis zapatos homologados ergonómicos pensados por y para el desarrollo de los pies de los niños.

La alimentación

¿Por qué nos empeñamos en dar a los niños comidas especiales? Una cosa es que durante el periodo de lactancia el niño tenga que beber leche materna hasta que su cuerpo esté preparado para comer otros alimentos, y otra cosa muy diferente es pensar que darle una papilla de tres cereales con galletas es lo ideal para merendar cuando tienen un año de vida.

No estoy diciendo que sea malo, que conste, pero ¿por qué hemos de darle esa papilla si luego no van a comer tres tipos diferentes de cereales al día en su vida adulta? Los pediatras aconsejan, de manera generalizada y sin concretar en ningún caso, que los niños empiecen a probar sabores diferentes, y que esos sabores sean, lógicamente, los que van a seguir comiendo después.

Los errores más comunes en la alimentación infantil:

  1. Darles demasiadas calorías procedentes de grasas saturadas (galletas, cereales y otros dulces)
  2. Excesiva ingesta de alimentos muy energéticos y de azúcares simples (zumos preparados, refrescos, alimentos precocinados…)
  3. Consumo excesivo de alimentos manufacturados como bollería y comida rápida
  4. Demasiada sal
  5. Raciones excesivamente grandes. Son niños con estómagos pequeños.
  6. Darles potitos durante demasiado tiempo (a partir del año los niños ya deberían comer sus menús sin triturar, pues ya tienen capacidad para masticar trozos y comer prácticamente la misma comida que el resto de la familia).

 

Todo esto me hace pensar que no hacemos caso a los pediatras y profesionales por simple comodidad o capricho. Por ejemplo, ¿es más fácil darle un potito a un niño de un año que empezarle a dar de comer sólidos? Sí. ¿Es más mono llevarle de punta en blanco que en mallas y camisetas? Sí. ¿Es más fácil tener al niño sano que con un resfriado? Sí. Pero, sin embargo, es necesario que coman sólidos, es necesario que se manchen y es necesario que se constipen. A ver si nos entra en la cabeza…

Deja un comentario