Hipersensibilidad dental

Dientes sensibles, un problema que preocupa a los españoles.

La sensibilidad dental, o dientes sensibles, es una dolencia dental que preocupa a buena parte de la población española. Tanto es así, que algunas de las principales marcas de dentífricos han sacado productos exclusivos para abordarlos. Veamos en concreto en qué consiste este trastorno.

Entre un 15 y un 30% de la población sufre hipersensibilidad dental. Este problema afecta en mayor medida a las mujeres y a las personas con edades comprendidas entre los 20 y los 40 años.

Los odontólogos de Clínica Smile Line, una clínica dental de Alcobendas (Madrid), caracterizada por ofrecer una atención integral a sus pacientes, dicen en el blog de su página web, que los dientes sensibles son más habituales de lo que pensamos. Y que se pueden dar por diferentes causas: desde pequeñas fisuras en los dientes hasta una recesión de las encías.

Sea cual sea su causa, está claro que afecta a la calidad de vida del paciente. La persona que lo padece, siente un dolor agudo cada vez que un alimento frío o caliente toca la pieza dental afectada. Esto limita considerablemente su dieta. Impidiéndole tomar bebidas frías o helados en verano o sopas calientes en invierno.

Algunos problemas de hipersensibilidad dental están provocados por caries, que han perforado el esmalte y la dentina, y avanza hasta la pulpa del diente. La parte interna por la que discurren las terminaciones nerviosas.

Cabe destacar que aunque el problema esté provocado por una caries, su tratamiento debe ser autónomo. Los dientes sensibles son un problema en sí mismo, con independencia de cuál haya sido su causa. Vamos a ver por qué.

Los dientes sensibles.

El profesor de odontología Christian R. Gernhardt, de la Universidad Martin Luther en Halle (Alemania), explica en un artículo publicado en la revista Elsevier que la hipersensibilidad dental se manifiesta como un dolor breve e intenso que aparece cuando la dentina reacciona a estímulos externos, sobre todo de tipo térmico.

La dentina es la capa que se encuentra justo debajo del esmalte. Al quedar expuesta, entra en contacto con sustancias demasiado frías o calientes en comparación con la temperatura de la boca. Esta sensibilidad se debe a que en la dentina existen miles de microtúbulos (una especie de poros abiertos) que se conectan directamente con las terminaciones nerviosas, lo que provoca una reacción inmediata ante ciertos estímulos.

El doctor Gernhardt considera que los dientes sensibles son un problema en sí mismo, y no simplemente un síntoma de otra enfermedad. Sin embargo, sí puede estar relacionado con otras dolencias. Generalmente, la causa principal es el desgaste del esmalte dental o la retracción de las encías. Procedimientos como un blanqueamiento demasiado agresivo o tratamientos periodontales pueden favorecer la aparición de la sensibilidad dental, ya que reducen la protección natural de los dientes y dejan la parte interna del diente más expuesta.

La alimentación juega un papel decisivo. El consumo frecuente de productos ácidos contribuye al deterioro del esmalte dental. Entre ellos se incluyen frutas cítricas como el limón y el pomelo, refrescos carbonatados, salsas industriales con alto contenido ácido —como el kétchup o el tomate frito embotellado—, encurtidos como las aceitunas y, por supuesto, bebidas alcohólicas como el vino o la cerveza. Incluso hábitos tan comunes como beber café o té a diario pueden acentuar la erosión de la superficie dental con el tiempo.

Los dientes sensibles no son una simple incomodidad ocasional, sino una condición que surge por distintos factores y que conviene abordar cuanto antes. Conocer sus causas ayuda a prevenirlos y a mantener una sonrisa sana, evitando la exposición a estímulos que generan dolor.

Las causas de los dientes sensibles.

Ya sea para prevenir o para tratar un caso de hipersensibilidad dental que ya se ha manifestado, necesitamos conocer las causas del problema. Estas son algunas de las más habituales:

  • Desgaste del esmalte dental: Este desgaste puede ser producido por un cepillado de dientes demasiado agresivo, el uso de pastas de dientes abrasivas o simplemente por el paso del tiempo.
  • Retracción de encías: La encía se desplaza hacia abajo y deja expuesta la dentina, lo que aumenta la sensibilidad.
  • Tratamientos dentales: Ciertos tratamientos como el blanqueamiento dental, la limpieza profunda o ciertos procedimientos para tratar enfermedades periodontales (en las encías) pueden provocar sensibilidad dental temporal.
  • Consumo frecuente de alimentos y bebidas ácidas: Beber cítricos (limón, pomelo, naranja), refrescos con gas, vino, cerveza, terminan devastando el esmalte.
  • Hábitos de consumo de café o té: Por su acidez, beber con frecuencia té o café puede contribuir a debilitar el esmalte.
  • Bruxismo (rechinar de dientes): El desgaste producido por apretar o rechinar los dientes, especialmente durante la noche, reduce la capa protectora del esmalte. Llegando en ocasiones a producir roturas en el esmalte.
  • Caries o fisuras dentales: Estas aberturas permiten que los estímulos externos lleguen directamente a la dentina, excitando el nervio.
  • Uso excesivo de enjuagues bucales muy ácidos o con alcohol: Este es un punto en el que tenemos que tener cuidado. El uso de enjuagues bucales con base en alcohol puede irritar las encías y favorecer la pérdida de esmalte.
  • Factores genéticos: algunas personas tienen un esmalte naturalmente más fino o frágil, lo que aumenta el riesgo de sensibilidad.

Cómo prevenir la hipersensibilidad dental.

Mantener una correcta higiene dental es la base fundamental para evitar que los dientes se vuelvan sensibles. Una rutina adecuada de limpieza ayuda a proteger el esmalte y a mantener las encías en buen estado, reduciendo así las posibilidades de sufrir molestias al consumir alimentos fríos, calientes o ácidos.

El cepillado debe realizarse tras cada comida, empleando un cepillo de cerdas suaves o de dureza media, ya que los cepillos demasiado rígidos o una técnica de cepillado muy agresiva pueden dañar el esmalte dental y dejar expuesta la dentina. La elección de la pasta de dientes también es clave: lo recomendable es optar por una fórmula adaptada a las necesidades de cada boca, especialmente aquellas diseñadas para dientes sensibles, que ayudan a reforzar la protección natural.

La higiene diaria no debería limitarse únicamente al cepillado. El uso de hilo dental permite retirar los restos de comida acumulados en zonas a las que el cepillo no llega, mientras que un enjuague bucal puede contribuir a neutralizar los ácidos que permanecen en la boca y que favorecen la desmineralización del esmalte.

Además de la limpieza, la alimentación influye de forma directa en la sensibilidad dental. No se trata de eliminar por completo determinados alimentos, sino de consumirlos con moderación y en los momentos adecuados. Las bebidas carbonatadas, los refrescos azucarados y las bebidas energéticas tienden a erosionar el esmalte, por lo que conviene limitar su ingesta. En el caso de frutas cítricas o encurtidos, una medida sencilla es enjuagarse la boca con agua justo después de tomarlos, incluso antes de cepillarse los dientes, para reducir el impacto de los ácidos.

El tratamiento.

El tratamiento de los dientes sensibles comienza siempre por identificar la causa del problema. Un diagnóstico correcto permite al odontólogo determinar el tratamiento más adecuado para cada paciente, ya que no todas las sensibilidades se originan por las mismas razones.

Cuando la sensibilidad es leve, en la mayoría de los casos basta con seguir una serie de pautas de higiene recomendadas por el especialista. Estas incluyen el uso de pastas dentales diseñadas para proteger el esmalte, colutorios que refuercen la superficie dental y hábitos sencillos como evitar cepillados agresivos. Incluso existen chicles formulados para ayudar a remineralizar los dientes y mantener la boca en condiciones óptimas. Con este tipo de rutinas, muchas veces el esmalte consigue recuperarse y las molestias desaparecen.

En situaciones donde estas medidas no resultan suficientes, el dentista puede aplicar tratamientos protectores de forma directa sobre el diente afectado. Entre ellos se encuentran los barnices de flúor, las resinas de composite, el oxalato de potasio o el cemento de ionómero de vidrio. Todos ellos, materiales que actúan reforzando la superficie dental y sellando los túbulos que transmiten la sensibilidad.

Los casos más complejos suelen requerir un tratamiento desarrollado en varias etapas. Aquí se tiene en cuenta si la causa principal es periodontal, es decir, relacionada con las encías; si el origen es un desgaste mecánico o químico del esmalte; o si se trata de una lesión producida por la caries. La estrategia se adapta siempre a la naturaleza del problema. Una combinación de medidas no invasivas —como la aplicación de preparados con flúor o complementos alimenticios ricos en aminoácidos— y tratamientos clínicos más avanzados suele ser la clave para lograr resultados duraderos.

Cuando las soluciones conservadoras no bastan, el odontólogo puede recomendar procedimientos invasivos. Estos incluyen desde restauraciones con empastes hasta endodoncias o cirugías periodontales. Aunque puedan parecer intervenciones más drásticas, suelen ser necesarias para proteger el diente y devolver la comodidad al paciente.

Lo importante es entender que los dientes sensibles tienen solución y que, con el tratamiento adecuado, se puede recuperar la salud dental. Para quienes deseen profundizar en este tema, existen guías muy útiles como la publicada por Colgate que amplían información sobre el asunto.

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