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Las dietas actuales son lo peor para nuestros dientes

Seguro que nunca te has planteado por qué ahora más que nunca la gente va al dentista como si fuera al supermercado. Casi una vez al mes. Ahora veo a gente mayor con sonrisas perfectas, es raro ver a alguien a quien le falte algún diente. Yo, por ejemplo, me he arreglado la boca entera dos veces y la tengo otra vez fatal.

La tendencia que estoy viendo es que sí, ahora tenemos más acceso que nunca al dentista… Es asequible, tiene planes de financiación, no duele… Pero también vamos más que nunca. Antes la gente pasaba por el “barbero” una o dos veces en su vida. Este le arrancaba la muela sin anestesia y estaba listo. Seguramente la gente de aquella época no tendría la sonrisa tan bonita a partir de los cincuenta, pero estoy completamente seguro de que hoy en día se nos estropean mucho más los dientes que antes.

Hace 70 años se comían alimentos mil veces más sanos y naturales de los que estamos comiendo hoy en día. No solo los alimentos en sí, es nuestra forma de alimentarnos la que está afectando a nuestra salud y a nuestros dientes más de lo que pensamos.

Es normal que estés preocupado por tu salud, así que te voy a contar cómo nos está afectando todo esto y lo que podemos hacer para mejorar la situación.

 

Lo que estamos comiendo hoy en día

Piensa en lo que comes durante una semana normal, y te darás cuenta: casi nada es natural del todo. Todo está procesado, modificado, lleno de conservantes, para saber mejor o para ser más rápido de preparar. Pero vemos más valioso el ahorro del tiempo y del dinero que nuestra salud. Por eso este sistema funciona.

Hoy comemos mil veces más rápido, más veces al día y los alimentos son mucho más blandos. Antes se comía pan de verdad (de corteza dura), carne que había que masticar, verduras frescas de la temporada… Hoy tiramos de bollería, chocolatinas, gaseosas, comidas precocinadas. Todo entra fácil y sin esfuerzo. Y eso afecta directamente a los dientes. Aunque realmente, afecta a todo nuestro cuerpo. Pero los dientes se ven y se notan más.

De toda la vida, masticar alimentos duros o fibrosos nos ayudaba a limpiar los dientes. Estimulan la saliva, fortalecen las encías… Pero si todo lo que nos llevamos a la boca es blando o pegajoso, los restos se quedan más tiempo adheridos a los dientes. Y no fortalecemos ni limpiamos nada.

Otra cosa, son los picoteos. Antes había desayuno, comida y cena. Ahora estamos todo el día masticando algo. Un café, una galleta, un refresco, unas pipas, otro café… Nuestros dientes están todo el tiempo con alimentos pegados a ellos. Las bacterias los atacan constantemente y los vamos deteriorando muchísimo más rápido.

Y te digo una cosa que me dijo una vez un dentista: “no es solo lo que comes, es cuántas veces al día lo haces”. Y tiene toda la razón.

 

El azúcar es más peligroso y menos beneficioso de lo que pensamos

Todos hemos oído lo de que “El azúcar es el enemigo número uno de los dientes”. Pero, como nos gusta, nos pasamos por el forro esa frase y nos llevamos todo lo que queremos a la boca. Lo peor de todo es que el azúcar está en todo lo que comemos. Está en salsas, en pan de molde, en yogures saludables, en zumos de fruta de bote. Nos pensamos que solo estamos comiendo azúcar cuando nos tomamos un Coca Cola o un helado con chocolate, pero, en realidad, lo estamos comiendo en cualquier cosa.

Y, es que, el problema no es solo que comamos azúcar, es la cantidad y la frecuencia. Cada vez las bacterias de tu boca catan algo con azúcar, lo utilizan para producir ácidos que atacan el esmalte dental. Eso va desgastando tus dientes, minuto por minuto, hasta que te los lavas.

Y claro, si esto lo haces una vez al día, el cuerpo puede soportarlo. Pero si lo haces cinco, seis o diez veces… ya vas teniendo un desgaste diario.

El esmalte es directamente la protección de los dientes. Si se va desgastando con el ácido, acaba haciéndose un agujero que afecta a capas muchísimo más profundas del diente, dejándolo aún más expuesto alas bacterias y a posibles infecciones.

Yo me di cuenta de todo esto cuando dejé de tomar refrescos durante un tiempo. No solo noté el cambio en el cuerpo, sino también en la boca. Tenía los dientes menos sensibles, me dolían menos las encías… Y eso que no era consciente de lo que me estaban afectando.

Datos a parte, algo que me pasó que fue bien raro fue que, al principio, sentía los antojos de los refrescos y me costaba mucho resistirme. Cuando lo conseguí, y me llevé un tiempo largo sin beberlos, el pensar en beberlos me producía asco y rechazo. No sé si a vosotros os habrá pasado.

El azúcar, además, es menos necesario de los que todos pensamos. Porque no te da nada que realmente necesite tu cuerpo. No es como las frutas, que tienen vitaminas. Es energía rápida y vacía… Y a cambio, te deja problemas en los dientes y en el cuerpo.

La gente es menos consciente de lo que piensa de que hay muchos azucares naturales con los que podemos darle esa fuente de energía a nuestro cuerpo. Incluso alimentos que no son azúcares pero que luego nuestro organismo los transforma en azucares y energía al metabolízalos.

Lo mejor que podemos hacer, es sustituir todas las fuentes de azúcar artificial y, en su lugar, consumir frutas e hidratos de carbono.

 

Los ácidos de los alimentos

Como ya hemos hablado en el apartado anterior, el verdadero problema de consumir azúcar es la producción de ácido. Pero, a parte de la producción del ácido, también muchos alimentos son ácidos en sí que corroen el esmalte.

Los refrescos, por ejemplo, no solo tienen azúcar. También tienen ácidos que desgastan el esmalte directamente. Y lo mismo pasa con los zumos, las malísimas bebidas energéticas o incluso frutas ácidas como las naranjas y los limones, si se consumen mucho.

El esmalte dental es fuerte, pero no es indestructible. Al desgastarse, el diente va quedando sin protección en las capas inferiores y más sensibles y porosas. Aparece la sensibilidad, el dolor al tomar cosas frías o calientes… y, finalmente, la caries.

Recuerdo una época en la que me dio por tomar zumo de naranja natural a mansalva, pensando que era lo más sano del mundo. Y, al final, me acabó pasando factura. Yo no tenía ni idea, pero empecé a notar sensibilidad, y no entendía por qué, así que dejé de abusar de él. Ahora lo entiendo todo.

Después de todo esto, entiendo que hay cosas sanas que puedo comer, pero, que si como demasiado, también me pueden hacer daño.

 

La vida ajetreada y la higiene dental

¿Cómo vivimos nuestro día a día? Muchas veces ni prestamos atención a lo que estamos comiendo. Vamos con prisas todo el día. Nos levantamos corriendo, desayunamos cualquier cosa, salimos pitando… y muchas veces nos olvidamos de los pequeños cuidados que nuestro cuerpo necesita. Uno de ellos, lavarnos bien los dientes.

¿Cuántas veces te has cepillado rápido por la mañana porque no llegabas? ¿O has llegado tan cansado por la noche que te has ido a la cama sin hacerlo bien?

Si a esto le sumamos todo lo anterior: los picoteos, los azucares, los ácidos… es la combinación perfecta para que tengamos que ir pronto al dentista.

Además, ahora comemos fuera de casa más que nunca. Y cuando estamos fuera, casi nunca nos llevamos los cepillos de dientes. Yo he pasado por épocas así, y lo notaba. Me dolían las encías, me sangraban, tenía mal aliento… estaba claro que las cosas no iban bien.

 

Los mejores alimentos que puedes comer para cuidar tus dientes

No te quedes solo con lo que digan por internet. Si quieres cuidar tus dientes de verdad, pregúntale a los médicos y los dentistas. Yo, por ejemplo, te puedo dar estos consejos:

Las verduras crujientes como la zanahoria o el apio. Al masticarlas, ayudan a limpiar los dientes de forma natural. Son como los palitos para lavar los dientes que le damos a los perros. Nos ayudan a desincrustar restos más duros que los cepillos muchas veces no pueden eliminar.

Las frutas como la manzana también hacen prácticamente lo mismo.

Los lácteos, como el queso y el yogur natural, les aportan calcio y ayudan a fortalecer los dientes. También ayudan a equilibrar el pH de la saliva. Esto es algo que pocos saben y es que, dependiendo de lo que comas y de las bacterias que haya en tu boca, la saliva puede volverse más ácida o más alcalina. A más ácida más perjudicial es el ambiente de tu boca para los dientes. Por eso, algunos alimentos te pueden ayudar a equilibrarla.

Y el agua… que parece una tontería, pero no lo es. Beber agua ayuda a limpiar la boca y a mantener una buena producción de saliva, que es fundamental para proteger los dientes.

 

Consejos de un dentista para evitarte más de una caries

En la Clínica Doctor Clavero, me dijeron unos cuantos hábitos que, desde que los sigo, me va todo mucho mejor:

Cepillarse bien los dientes al menos dos veces al día, usar pasta con flúor, no abusar del azúcar… cosas que todos sabemos, pero que no hacemos con constancia.

Otro consejo importante es no cepillarse justo después de consumir alimentos ácidos (por ejemplo, una ensalada). Ya que el esmalte está más vulnerable en ese momento, y cepillarlo puede arañarlo y dañarlo más. Es mejor esperar un poco. Un truquito extra es enjuagarse bien la boca con agua, tras terminar de comer, para suavizar la presencia de ácido en los dientes.

Y, el mejor de todos, es que vayas a menudo a revisión. Un problema cogido a tiempo se convierte el algo que puedes remediar casi sin anestesia. Pero, uno que cojes meses o años después, puede acabar con tu diente en la basura.

 

¿Qué es mejor el irrigador bucal o el hilo dental?

Qué manía tiene la gente con elegir lo mejor… Cuando, casi siempre, lo ideal es combinar ambos métodos.

El hilo dental llega a zonas donde el cepillo no puede. Es fundamental para limpiar entre los dientes. Por lo tanto, hay que usarlo sí o sí.

El irrigador, por otra parte, es más cómodo para muchas personas y ayuda a eliminar restos y bacterias con agua a presión.

Es cierto que hay que saber usar el hilo dental porque, mal usado, puede hacerte sangrar y hacerte daño en las encías. Úsalo con suavidad y controlándolo para que, si se engancha en un diente o no entra en el hueco fácilmente vayas introduciéndolo poco a poco sin que acabe dándote un latigazo en la encía.

¿El orden? Pues lo mejor que puedes hacer es: Cepillarte los dientes, pasarte el irrigador y luego el hilo. Si te has hecho sangre, lo mejor es que termines con un buen enjuague bucal.

 

La importancia de cuidar también las encías

Nos centramos mucho en los dientes, pero las encías son las que los sujetan en su sitio. Por eso, muchos problemas dentales graves empiezan por ellas.

El sangrado al cepillarse no es normal, que no te engañen. Es una señal de que algo no va bien.

Las encías sanas sujetan el diente. Si se debilitan, el diente también y te puedes quedar sin él. Cuidarlas es tan fácil como mantenerlas limpias y no ignorar los síntomas.

Una de las enfermedades de las encías más temidas es la piorrea o periodontitis. Esta destruye lo la encía y el hueso que soporta al diente, provocando que sangre, que se mueva y, al final, que se caiga. Pues imagínate esto en toda la boca…

Por culpa de la alimentación y la constante agresión que le hacemos a nuestra boca, esta enfermedad que era rara, se ha extendido como la pólvora. Cada vez más personas pierden los dientes y los sustituyen por implantes o dentaduras postizas, por culpa de la periodontitis. Y cada vez la sufren personas más jóvenes. Esto nos debería de dar una idea de lo mal que lo estamos haciendo.

 

Cambiar hábitos puede hacernos visitar menos al dentista

Ya sabemos las cosas que debemos evitar y las cosas que debemos hacer. Lo único que tenemos que hacer es llevarlas a cabo.

No es tan difícil, al fin y al cabo, se trata de elegir lo que vamos a sacrificar: ¿Vamos a sacrificar un poco de tiempo y esfuerzo a diario para cuidar bien nuestra salud? O, ¿vamos a sacrificar nuestro bienestar y nuestro dinero para arreglar después los problemas?

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